
Cuando un Estado «democrático» como el alemán, con todo el poder que ello conlleva, se enfrenta a una organización religiosa, ésta siempre pierde. Siempre.
A principios de la década de los noventa (1990), el enfrentamiento entre el Estado alemán y la Iglesia de la Cienciología (Scientology) fue tomando forma, para años después ir creciendo y perdurar hasta nuestros días, aunque de una manera más moderada. Dicho enfrentamiento tensionó las relaciones entre ambas entidades, saliendo, siempre el Estado permanentemente vencedor, en tanto tenía en sus manos el poder político para decidir lo que más convenía a sus ciudadanos.
Existen tics que determinados países no saben quitarse de encima y algunos años después, las ondas raíces del nazismo, donde la exclusión de «los otros» debido a la raza, o la religión era sinónimo de muerte, sigue anclada en el inconsciente político de algunas personas.
¿Por que Alemania consideró problemática a Scientology?
A diferencia de países como Estados Unidos y otros muchos, donde Scientology goza de reconocimiento religioso a efectos fiscales, Alemania no la consideró una iglesia en sentido jurídico. Las autoridades alemanas sostenían que se trataba principalmente de una organización con fines comerciales y una estructura ideológica que podría ser incompatible con algunos principios del orden democrático.
Las principales preocupaciones fueron que su estructura era altamente jerarquizada, alegaron también que se ejercían presiones psicológicas sobre miembros y exmiembros, que sus cursos y programas tenían un elevado coste y, sobre todo, que la organización persiguiese objetivos políticos o sociales incompatibles con el orden constitucional. No olvidemos que poco antes, en España se detuvo a la cúpula de Scientology, acusada de los más veleidosos delitos, resultando inocente de todo ello años después, pero que abrió la veda para que estados como el alemán o el francés ejercieran de policías de la moral, y considerasen a sus creyentes personas non gratas.

Vigilancia de los servicios de inteligencias.
Uno de los aspectos más llamativos que aún hoy día continua es que, desde finales de los años noventa, varias oficinas regionales de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (el servicio de inteligencia interior alemán) han vigilado actividades de Scientology por si pudieran existían indicios de que actuase contra el orden democrático.
Esta vigilancia aunque ha sido permanente, no ha sido uniforme en todo el país. Algunos estados federados la han mantenido durante determinados periodos, mientras que otros la han reducido o suspendido al no encontrar suficientes pruebas para justificar una supervisión continuada.
Dicha vigilancia generó una serie de restricciones y de controversias, bastante antidemocráticas. Algunas administraciones públicas siempre han pedido a contratistas que declarasen por escrito no contratar o utilizar métodos de Scientology en determinadas actividades empresariales, una práctica que llegó, en determinadas épocas ha generar diversas críticas internacionales. Algunos políticos propusieron prohibir a dicha organización, aunque esto nunca se materializó, al menos a nivel nacional. Pero, las autoridades siempre mantuvieron y mantienen investigaciones para conocer si existen bases legales suficientes para ilegalizarla, sin que los tribunales o el Gobierno llegaran a adoptar dicha medida.
La postura de Scientology.
Dicha organización ha sostenido siempre que es una religión legítima, que Alemania discrimina a sus miembros por motivos religiosos solamente, y que las medidas de vigilancia permanente vulneran la libertad religiosa y los derechos humanos. Ha presentado recursos de manera permanente ante los tribunales alemanes e internacionales, con resultados diversos, dados los dos principios fundamentales que se confrontan en Alemania.
El primero de ellos, es el de la libertad religiosa, protegida por la Constitución alemana; y el segundo la defensa del orden democrático, que permite a los legisladores vigilar organizaciones cuando «existan indicios suficientes de actividades anticonstitucionales». En el caso de Scientology nunca se abrió un caso sobre dichas prácticas. Hasta la fecha, Alemania no ha prohibido a Scientology el desarrollo de su actividad, pero mantiene una actitud mucho más cautelosa y crítica que la mayoría de los países occidentales; dejando la puerta abierta a que sus actividades puedan justificar injerencias estatales cuando existan fundamentos legales.
Más es importante tener en cuanta que, aunque Alemania no ha prohibido de forma general que los miembros de Scientology se desarrollen libremente, dentro de la sociedad donde vivan, ni existe una ley que restringa su derecho a reunirse, trabajar o asociarse por el mero hecho de pertenecer a dicha Iglesia, si que ha habido medidas específicas que han afectado a miembros de dicha organización en determinados ámbitos.
Entre los ejemplos más conocidos están los del acceso al empleo público, en algunos casos, los candidatos a determinados puestos públicos o especialmente sensibles, han sido objeto de un mayor escrutinio si eran miembros de dicha religión, La justificación siempre es la misma que en otros países totalitarios, proteger la neutralidad y la lealtad al orden constitucional. Sin prohibir, claro está la afiliación religiosa. Otro de los ejemplos se puede observar en el de la contratación pública, en algunos estados federados, especialmente en la década de los 90 y 2000, se exigió a empresas y profesionales que declararan no aplicar métodos de trabajo o de estudio vinculados a Scientology, e incluso tuvieran cierta cautela con sus miembros, a la hora de que pudieran optar a determinados contratos públicos. Estas medidas fueron muy controvertidas y algunas se modificaron o dejaron de aplicarse de una manera activa. En cuanto a un tercer ejemplo, podemos adentrarnos en el escabroso mundo de la vigilancia. Algunas oficinas de protección de la Constitución vigilaron activamente a la organización cuando consideraron que existían indicios de objetivos contrarios al orden democrático. Dicha vigilancia no implicaba una prohibición de sus actividades sociales, pero si que se produjese un seguimiento cuando se reunían entre sí, cuando celebraban ceremonias, cuando formaban algún tipo de asociación, cuando participaban en la vida cultural o social, y cuando profesaban sus creencias.
Y aunque los tribunales alemanes siempre han insistido en que cualquier restricción debía tener una base legal, concreta y ser proporcionada, no se debía a excluir a los miembros de Scientology de la sociedad en general. Sin embargo, cuando tu señalas a un colectivo y lo estigmatizas, la misma sociedad se enroca y los desestima. El Estado propone y el diablo dispone. Muchos cienciólogos sufrieron las causas de la intransigencia religiosa de las autoridades alemanas.

En la actualidad.
En la actualidad, la relación entre Alemania y Scientology es menos conflictiva que hace dos o tres décadas, aunque sigue siendo de desconfianza institucional. Un cambio importante se produjo en 2025, cuando la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) puso fin a la vigilancia de la organización a nivel federal. La decisión se justificó indicando que, tras décadas de seguimiento, la Cienciología tenía un número reducido y estable de miembros (alrededor de 3.600 en Alemania) y ya no presentaba una relevancia suficiente desde el punto de vista de la seguridad interior como para mantener esa supervisión. Alguna justificación se debía poner. Esto significa, que si por una buena praxis religiosa dicha organización obtuviera nuevos afiliados sería puesta de nuevo bajo la vigilancia del aparato represivo alemán
Sin embargo, esto no significa que el Estado alemán haya cambiado completamente de opinión sobre la organización. Contra Scientology siguen vigentes en este mismo momento varias restricciones: Scientology no disfruta del mismo reconocimiento jurídico que muchas iglesias tradicionales; las autoridades continúan considerándola una organización controvertida y mantienen una actitud prudente hacia sus actividades; y tercera, la organización puede operar legalmente, abrir centros y captar miembros, siempre que cumpla la legislación general.
Por su parte, Scientology sostiene que el fin de la vigilancia demuestra que las sospechas históricas carecían de fundamento y continúa reclamando un reconocimiento equivalente al que recibe en otros países.
En resumen, la situación actual puede describirse como una normalización parcial. Ya no existe el nivel de confrontación política e institucional que caracterizó los años noventa y principios de los 2000. La organización puede desarrollar sus actividades en Alemania. Aunque no obstante, persiste un cierto escepticismo por parte de las autoridades y Scientology sigue sin ocupar una posición comparable a la de las principales comunidades religiosas reconocidas en el país.
Para finalizar, comentar que no existe en Alemania, ningún delito contra la organización. Aunque sigue siendo sometida a un escrutinio vulgar por parte de las autoridades, como sucedería en cualquier régimen autoritario.



