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jueves, junio 11, 2026
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La ciudad se hunde más de 2 cm al mes: la tierra literalmente se la traga

La Ciudad de México continúa hundiéndose y un nuevo satélite muestra ahora con alta precisión dónde se hunde más rápido el suelo bajo la ciudad. Los datos provienen de la misión conjunta NISAR de la NASA y la Organización de Investigación Espacial de la India, que capturó el movimiento del terreno entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026, informa “Meteo Balkans”.

Según el análisis, partes del área de la Ciudad de México se han hundido más de 2 centímetros por mes. A primera vista, esto parece un valor pequeño. Sin embargo, para una ciudad del tamaño de la capital mexicana, ese movimiento significa carreteras agrietadas, tuberías de agua dañadas, túneles deformados y edificios que poco a poco empiezan a perder estabilidad.

Uno de los ejemplos de hundimiento urbano más famosos del mundo.

La Ciudad de México es uno de los ejemplos de hundimiento urbano más famosos del mundo. El área está construida sobre el lecho de un antiguo lago y un acuífero, y décadas de bombeo masivo de agua subterránea han compactado los sedimentos blandos debajo de la ciudad. A esto se suma el enorme peso de la urbanización moderna: viviendas, carreteras, rascacielos, zonas industriales e infraestructura.

La zona alberga a unos 20 millones de personas, lo que ejerce una presión constante sobre los suministros de agua subterránea. Cuando se extrae agua del suelo, los huecos de los sedimentos se reducen. El terreno no “regresa” hacia atrás. Se compacta y la ciudad se hunde.

Las primeras observaciones serias de ingeniería de este proceso se documentaron ya en 1925. Durante la década de 1990 y principios de la de 2000, partes del área metropolitana se hundían aproximadamente 14 pulgadas (35 centímetros) por año. Eso fue suficiente para causar problemas al metro, uno de los sistemas de tránsito rápido más grandes de Estados Unidos.

Nuevo satélite ve el movimiento de la Tierra a través de las nubes y la oscuridad

NISAR utiliza un radar de apertura sintética, que puede rastrear movimientos sutiles de la superficie de la Tierra independientemente de la cobertura de nubes, la oscuridad o la vegetación. Esto es clave para monitorear procesos que son invisibles a simple vista y que no pueden rastrearse de manera confiable únicamente con mediciones terrestres.

El satélite sobrevuela repetidamente las mismas zonas y puede detectar cambios en el terreno con gran precisión. La misión se lanzará en julio de 2025, y los nuevos datos de la Ciudad de México se encuentran entre los primeros ejemplos claros de cómo se puede utilizar la tecnología para monitorear ciudades, glaciares, tierras de cultivo y áreas con deformación activa del suelo.

El mapa de la NASA muestra en azul oscuro las zonas de hundimiento más rápido. El área alrededor del Aeropuerto Internacional Benito Juárez es visible en el centro de la imagen y el lago Nabor Carrillo está al noreste. Las áreas amarillas y rojas en parte de la imagen probablemente sean ruido residual en los datos preliminares, que se espera que disminuya a medida que se acumulen nuevas observaciones.

Centímetros: un problema de infraestructura

El hundimiento de la Ciudad de México no es uniforme. Ese es el gran problema. Si toda la ciudad se hundiera al mismo ritmo, los daños serían más fáciles de gestionar. Pero cuando algunos vecindarios se hunden más rápido que otros, las carreteras se parten, las tuberías se pandean, los edificios se inclinan y los túneles y vías del tren comienzan a funcionar bajo una presión estructural constante.

Los sistemas de suministro de agua se encuentran entre los sistemas más vulnerables. Cuando el terreno se mueve de manera desigual, las tuberías se agrietan, las conexiones se desplazan y aumentan las pérdidas de agua. Entonces, una ciudad que ya bombea enormes cantidades de agua subterránea comienza a perder aún más debido a daños en la infraestructura.

El transporte también paga la factura. Las líneas de metro, las superficies de las carreteras, las conexiones de puentes y las instalaciones subterráneas requieren reparaciones constantes porque los cimientos debajo de ellas no son estables. No se trata de un fallo puntual, sino de un proceso lento que convierte el mantenimiento en un gasto constante.

El símbolo que cuenta la historia.

Uno de los ejemplos más visibles es el Monumento a la Independencia en el Paseo de la Reforma. Construido en 1910, tiene 36 metros de altura. A lo largo de los años, se agregaron 14 escalones alrededor de su base, no porque el monumento se elevó más, sino porque el terreno a su alrededor se fue hundiendo gradualmente.

Esta es una imagen simple pero muy clara del problema: la estructura permanece, la ciudad a su alrededor se hunde.

No es un caso aislado

La Ciudad de México no es un caso aislado. El hundimiento de la tierra se observa en varias partes del mundo, especialmente en áreas con suelos blandos, deltas de ríos, agricultura intensiva, zonas costeras y ciudades que dependen en gran medida del agua subterránea. La diferencia es que la nueva generación de observación por satélite hace que estos procesos sean mucho más difíciles de ignorar.

NISAR lleva dos radares en diferentes longitudes de onda y monitorea las superficies terrestres y heladas de la Tierra dos veces cada 12 días. Su reflector tiene unos 12 metros de diámetro y es el reflector de antena de radar más grande enviado por la NASA al espacio.

Para las ciudades, esto significa una detección más temprana de las zonas de riesgo. Para ingenieros, mapas más precisos para reparación y construcción. Para las instituciones, datos que puedan mostrar dónde está bajo mayor presión la infraestructura antes de que el problema estalle como una emergencia.

Foto ilustrativa: pexels-david-gracia-242488507-12332831

Publicado originalmente en The European Times

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