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martes, abril 21, 2026
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Noelia Castillo dejó de molestar.

OPINIÓN
Gabriel Carrión

El pasado 26 de marzo de 2026, a las seis de la tarde me encontraba leyendo el manuscrito de mi próximo trabajo y tomando notas sobre el mismo. Sabía que en una habitación del centro sociosanitario Sant Camil de Sant Pere de Ribes (Barcelona), una niña de 25 años a la que no se había dejado madurar dignamente, a la que no se había ayudado en ningún momento de su vida, había decidido, gracias a unas leyes laxas sobre la Eutanasia dejar de vivir.

El día anterior, escuché a un político afirmar que había que respetar las decisiones de las personas que aspiran a morir dignamente. Su ideología: de izquierdas. La muerte nunca es digna, a pesar de que sea consentida, sobre todo si se produce forzada por las circunstancias.

Puedo entender perfectamente todos los casos relacionados con las enfermedades degenerativas, y que en pleno uso de sus facultades mentales, aunque no físicas, las personas tomen decisiones duras sobre su derecho a morir dignamente. Lo respeto profundamente. Es más, si estuviera en una situación parecida, donde mi deterioro cognitivo y físico llegase a su final, desearía una muerte asistida por profesionales, una sedación pasiva y una muerte digna.

Sin embargo, el caso de Noelia Castillo no era ese.

Supuestamente, las circunstancias vitales que la llevaron a dicha situación fueron básicamente tres, al menos eso sostienen los expertos, psicólogos y psiquiatras: traumas personales no superados, sufrimiento psicológico intenso, y una enfermedad que deterioraba su calidad de vida. Todo ello, siguen afirmando los expertos, la llevó a sentirse sin esperanza de mejora. Consideraba que su vida se había vuelto insoportable y que no había alternativas que aliviaran su situación de forma real. Por todo ello, decidió solicitar la eutanasia, buscando poner fin a un sufrimiento que percibía como continuo e irreversible.

Sin embargo, nadie enfatiza en la situación deplorable de sus padres, una familia fuertemente desestructurada y que al parecer la llevó muy joven al consumo de drogas, dos violaciones, una de ellas grupal, de las que, muy presumiblemente, no fue bien tratada, unos intentos de suicido, más de cinco, sin que los servicios actuales intervinieran de una manera proactiva. Y por fin, un tratamiento psiquiátrico donde prevalecerían, no conozco el tratamiento real, pastillas que muy probablemente en sus contraindicaciones aparecerían, seguro, la palabra inducción al suicido, o ideas suicidas, de manera más que probable.

Al final, como ella misma ha comentado, hubo momentos que vivía entre ratas, en la calle, etc. Al final, y después de sus múltiples heridas, provocadas por sus intentos de suicidio, no vió otra salida. Nadie le dio otra salida. Fracasaron los servicios sociales, los médicos, incluidos los psicólogos que la atendieron; fracasaron los políticos, los jueces, al aplicar una ley que tal vez no era para ella. Y por supuesto fallaron los padres, por mucho amor que demostrasen, la una en la tele basura en lo que se van convirtiendo algunos programas y el otro, tratando de retardar lo inevitable, cuando a lo mejor llegaba muchos años tarde.

Desde Europa, también se dio el visto bueno a dicha muerte. Algún burócrata europeo, sentado en Bruselas, una tarde, después de cebarse a empanadas, quesos y chocolates, decidió que era mejor firmar el expediente y que los españoles se arreglaran con su problema.

Todo antes de implicarse en allanar de una manera honorable el camino de Noelia para que pudiera vivir. Quizá se podría haber generado para ella, hace tiempo, unas mejores condiciones de vida, quizá no se la debió dejar, como a tantas otras mujeres olvidadas después de ser violadas y quizá, los psiquiatras, a lo mejor debieron diagnosticar su verdadera enfermedad, en vez de hacer lo que hacen con frecuencia tratar tan solo los síntomas. Es más fácil leer lo que está escrito en su dossier que interesarte realmente por el paciente.

Se ha hablado del fracaso de la sociedad, y se han dicho epítetos épicos, se han vertido lágrimas, pero sin pudor se ha pasado de su noticia a otra relacionada con amantes y bandidos en tele tardes del corazón. Cuando trabajaba a principios de los noventa en determinados programas en las cadenas emergentes, se nos tildaba de servir a la telebasura, pero sinceramente los años me han permitido entender que yo estaba en pañales en relación a ese tema: Vamos a hacerla llorar y nos vamos después a unos minutos de publicidad, y si aguanta llorando, será la leche.

Lo dicho, Noelia Castillo ha dejado de molestar. Ahora el docudrama en alguna plataforma y el libro de alguna psicóloga que nos hará un análisis sobre el caso. Y hasta la próxima historia.

Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López: Jumilla, Murcia, 1962. Escritor, guionista y realizador. Ha trabajado como periodista de investigación desde 1985 en prensa, radio y televisión. Ha publicado dos libros sobre la banda terrorista ETA. Colabora con medios de prensa libre y es conferenciante sobre temas diversos.

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