
“Una adolescente es como un insecto venenoso sobre el filo de una navaja: una criatura vulnerable y peligrosa al unísono”. La frase la generó una herramienta de la IA a petición de la novelista rusa Anna Starobinets, después de que la escritora le pidiera que creara una idea de un adolescente, y de que la entrenara intensivamente con sus propias obras. Starobinets quedó satisfecha. Pero cuenta que cuando le requirió que fuera más allá y escribiera una historia, no fue capaz de entregar nada que no fuera banal. Un buen fragmento, una mala obra. Es un ejemplo que representa el estado de la IA generativa hoy en casi todos los campos. Sin embargo, la metafora del adolescente es lo bastante potente como para no pasar de largo. ¿Que será capaz de hacer la IA en el futuro? ¿Hasta donde puede llegar su atuonomía? ¿Cuáles son las amenzas a las que nos enfrentamos y como prevenirlas? ¿Se puede poner puertas al campo? ¿Qué oportunidades abre en la ciencia y en la investigación médica?… (1)
El párrafo que introduce esta primera reflexión sobre la IA, nos aporta un dato interesante y una serie de preguntas, que deberían ser el hilo conductor de esta primera aproximación al pequeño estudio de la Inteligencia Artiificial y los derechos humanos.
En primer lugar, comentar que desde el principio de los tiempos en los cuales se crearon los primeros aparatos electrónicos, la inteligencia artificial ha estado ahí. Esos pequeños microchips, introducidos en los faustos IBM de décadas pasadas o los subsiguientes aparatos destinados al control de la ciencia, la creación de armamento o a formar parte de la vida de los consumidores a través de aparatos cada vez más sofisticados, incrustados en el domicilio de cada uno de nosotros, se han ido apoderando de nuestra intimidad, a la vez que nos facilitaban la vida. Frigoríficos que nos dicen que comprar, lavadoras inteligentes que nos cuestionan las decisiones que tomamos a la hora de poner agua fría o caliente para lavar la ropa, grandes empresas informáticas que se meten en nuestro ordenador y nos bloquean cualquier programa para que consumamos el de última generación, y así un largo etcetera; sin hablar de los teléfonos móviles que nos tienen enganchados a la comunicación superlativa sin control, y nos hacen creer que sin ellos no tendríamos derecho a vivir, que si no estás no eres nadie, como se repite constantemente cuando se habla de redes sociales. Y esto, sólo en su superfluo. Se imaginan como se está desarrollando la IA en los campos militares, del espionaje, de la guerra económica, de la relación entre estados.

El campo de la Ciencia Ficción ya nos ha dado títulos emblemáticos donde los robots controlados por la Inteligencia Artificial han intentado hacerse con el control de la Tierra. The Terminator, es una película estadounidense que vio la luz en la gran pantalla en 1984. En ella, el actor Arnold Shwarzenegger interpreta a un ciborg del futuro (2029) que es enviado al pasado para asesinar a una mujer embarazada de un niño, cuyo futuro era controlar la resistencia humana y rebelarse contra la IA que controlaba el planeta. Curiosamente, tanto en esta película, como en Yo, robots, interpretada por Will Smith, en 2004, se intenta dejar claro que cuando las máquinas intenten superar al hombre, y desbancarlo de la sociedad en la que viven, existirán otros robots, que respetando las tres leyes de la robótica de Asimov, en especial la de no hacer nada para dañar al ser humano, intentarían luchar para conseguir que la afamada y maligna IA no se adueñara del mundo.
Por supuesto, cientos de relatos y películas, desde el inicio de la ciencia ficción nos adentran en el campo de las máquinas pensantes, incluso series tan emblemáticas como Star Trek, nos hablan de humanos absorbidos por máquinas que pasarían a formar parte de un ejército mitad ser humano, mitad máquina pero controlada su red neuronal por una reina artificial de la cual dependería todo.
Los mundos donde se desarrollan dichas historias, en general suelen ser apocalípticos, donde los derechos humanos no serían respetados, existiendo una clase dominante, a ideológica, que intentaría ser la mano que mece la cuna, es decir estar, presuntamente, detrás del botón que apagaría los fusibles para así poder controlar la IA. Sin embargo, ninguna de esas historias acaba bien. Ninguna.
Cuando escribo algún artículo sobre los medicamentos antipsicóticos o antidepresivos, y el daño que hacen al consumidor, siempre me fijo en las contraindicaciones de los mismos, siendo estas una caja de sorpresa, sobre todo cuando lees que pueden provocar los mismos trastornos para los cuales han sido recetados; es por ello que en un intento de redondear esta primera aproximación le he preguntado a la IA generativa, a partir de ahora para nosotros IAG, lo que piensa sobre ella misma y el fin de la raza humana y su respuesta me ha dejado conmocionado.

Pregunta: ¿Podría la IA acabar con el mundo que conocemos?
Respuesta: La posibilidad de que la inteligencia artificial (IA) acabe con el mundo que conocemos es un tema muy debatido y depende en gran medida de como se desarrolle la tecnología y como se maneje su implementación (esta negrita es mía).
Desde una perspectiva más técnica, la IA tiene el potencial de transformar radicalmente muchos aspectos de la vida humana tanto de manera positiva como negativa. Algunos de los riesgos mencionados por expertos incluyen:
1.- Autonomía de las máquinas: Si las IA avanzan hasta el punto de tomar decisiones (ya lo hacen) autónomas sin supervisión humana, podrían actuar de manera imprevista o controria a los intereses humanos. Esto podría ir desde la manipulación de mercados financieros hasta la toma de decisiones en conflictos militares.
2.- Desempleo masivo: Con el auge de la automatización, muchos trabajos tradicionales podrían volverse obsoletos. Eso podría generar una crísis económica y social si no se gestionan adecuadamente los efectos de la automatización en el empleo.
3.- Armas autónomas: El uso de la IA para crear armas autónomas podría llevar a nuevos tipos de conflictos militares, con un mayor riesgo de guerra. Algunas personas temen que las máquinas podrían tomar decisiones fatales sin intervención humana.
4.- Desigualdad y control: Si las grandes empresas o gobiernos controlan las IA más avanzadas, podría aumentar la concentración de poder en manos de unos pocos. Esto podría acentuar las desilguadades sociales y políticas.
5.- Riesgos existenciales: Algunos expertos en IA como el profesor Nick Bostrom, han advertido sobre el riesgo de crear una IA superinteligente que sea tan avanzada, que sus objetivos ya no se alineen con los intereses humanos. Esto podría representar un riesgo existencial para la humanidad.
Ahora bien, la mayoría de estos riesgos son potenciales y no necesariamente inevitables. La clave está en como decidimos desarrollar y regular la I. Si se implementan regulaciones adecuadas, se investigan los riesgos y se toman decisiones éticas y responsable, la IA podría, más bien, ser una herramienta para mejorar la vida humana en lugar de amenazarla.
No he seguido profundizando en lo que podría contarme la IA, pero con lo expuesto, sólo me da para empezar a hacer las maletas y comenzar a mirar que platillo volante me puede llevar lejos de este lugar.
…Si te implementan regulaciones adecuadas, se investigan los riesgos y se toman decisiones éticas y responsables… ¿Desde cuando las empresas que controlan la IA y lo que se difunde toman decisiones éticas? ¿Desde cuando los que difunden la IA y venden sus logros a gobiernos dirigidos por personajes deplorables, toman decisiones éticas? ¿Desde cuando los que controlan la información e inundan de basura los medios que leemos, en especial las redes sociales o nuestros propios teléfonos móviles, toman decisiones éticas? ¿Conoce usted algún político o alto cargo empresarial que tome decisiones éticas? Por favor haganmelo saber.
Bibliografía:
(1) IA. El País, 26 de junio de 2024.



