El 14 de mayo, Rumania celebró el Día Nacional de Homenaje a los Mártires Prisioneros Comunistas en memoria de las miles de personas arrestadas por el régimen totalitario. La fecha fue elegida para conmemorar la noche del 14 al 15 de mayo de 1948, cuando las autoridades comunistas iniciaron una de las mayores oleadas de detenciones políticas en la Rumanía de la posguerra. Más de 10.000 jóvenes, intelectuales, estudiantes y opositores al régimen fueron detenidos, investigados y condenados. Muchos de los encarcelados acabaron en cárceles comunistas de Aiuș, Gerla, Pitești, Szigetu Marmației o Râmnicu Sărat. Entre ellos se encontraban confesores de la fe ortodoxa como Nicolae Steinhard, Arsenije Papașcoc, Iustin Parvu, Gheorghe Calțu-Dumitreaș, San Dumitru Staniloae y San Sofiane de Antim.
Algunos de los confesores de la fe que sufrieron en prisiones comunistas fueron canonizados por la Iglesia Ortodoxa Rumana en 2024, y la proclamación solemne de la canonización tuvo lugar en 2025. Este año fue declarado por el Patriarcado rumano como el Año de la Memoria del Clero y Confesores Ortodoxos Rumanos del Siglo XX.
El Día Nacional de Honor de los Mártires de las Prisiones Comunistas fue establecido por la Ley núm. 127, adoptada por el Parlamento rumano y promulgada en 2017. El acto normativo prevé que las autoridades centrales y locales, las instituciones culturales y los medios de comunicación públicos organicen eventos conmemorativos dedicados a las víctimas del régimen comunista. Las actividades incluyen ceremonias oficiales, ofrenda floral y programas culturales o informativos que recuerdan el sufrimiento de quienes son perseguidos por su fe y su libertad. La ley estipula que el 14 de mayo los medios públicos deben dar prioridad a los materiales dedicados a la represión comunista y los acontecimientos de 1948.
En las diócesis, la Iglesia Ortodoxa Rumana celebra el 14 de mayo con oraciones y eventos conmemorativos para aquellos que sufrieron en las cárceles comunistas. En las iglesias, monasterios y lugares conmemorativos se celebran funerales y oraciones, se organizan charlas, conferencias, peregrinaciones, ofrendas florales y reuniones dedicadas al testimonio del clero, monjes, intelectuales y laicos perseguidos por su fe y su libertad. De particular importancia son los lugares asociados con la represión comunista, como Ayud, Sighetu, Pitești y otras antiguas prisiones y monumentos conmemorativos. Después de las canonizaciones de clérigos y confesores rumanos que sufrieron en el siglo XX, la jornada adquiere una dimensión eclesiástica aún más clara.
La participación de la Iglesia en esta memoria es importante porque el silencio o la falta de una valoración moral clara por parte de una institución con autoridad espiritual deja a la sociedad sin un punto de referencia para distinguir entre el bien y el mal. Donde no se menciona al comunismo como un régimen represivo y temeroso de Dios, nacen la nostalgia, la confusión histórica, la incapacidad de distinguir a la víctima del verdugo y sentimientos peligrosos hacia un sistema que perseguía la dignidad humana, la libertad y la fe.
Publicado originalmente en The European Times



