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martes, abril 28, 2026
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la diplomacia pontificia al servicio de la paz, la verdad y la justicia


Durante su visita a la Pontificia Academia Eclesiástica, con motivo del 325.º aniversario de su fundación, León XIV esboza la figura del sacerdote diplomático pontificio, mensajero del anuncio de paz, llamado a defender a la familia humana y no solo a la comunidad católica. «Vuestro generoso ministerio —afirma el Pontífice— será siempre un instrumento para promover y custodiar la dignidad de cada hombre y mujer, creados a imagen y semejanza de Dios, y para incrementar el bien común»

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

«En la defensa de los derechos humanos —entre los que destacan los de libertad religiosa y a la vida—, les recomiendo que sigan marcando el camino, no de la confrontación y la reivindicación, sino de la tutela de la dignidad de la persona, del desarrollo de los pueblos y las comunidades y de la promoción de la cooperación internacional. Estos son los únicos instrumentos que permiten iniciar auténticos caminos de paz».

El Papa León resume así «la vocación especial al servicio de la paz, la verdad y la justicia» que el sacerdote diplomático pontificio está llamado a realizar. La ocasión para señalar el camino surge de la visita de esta tarde, 27 de abril, a la Pontificia Academia Eclesiástica en la Piazza della Minerva. Un encuentro que coincide con el 325.º aniversario de la fundación de la institución que el Pontífice ya había visitado antes de subir al trono de Pedro, en calidad de Prefecto del Dicasterio para los Obispos.

A su llegada, León XIV descubre una placa conmemorativa y, a continuación, firma el sello que conmemora el aniversario; a su firma se suman también las del cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, de sor Raffaella Petrini, presidenta del Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano, y de monseñor Salvatore Pennacchio, presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica. Tras la firma del Libro de visitas y los saludos de los presentes, el Papa ofrece su reflexión a los alumnos de la PAE.

Unidad en Cristo

«Profunda gratitud» es lo que expresa el Obispo de Roma ante «la historia de dedicación y servicio —afirma— que celebra esta alegre ricorrenza». Una historia importante gracias a los sacerdotes, procedentes de diversas partes del mundo, que han contribuido «con sus humildes fuerzas a la construcción de esa unidad en Cristo que, en la diversidad de orígenes, hace de la comunión una característica fundamental del Cuerpo Diplomático de la Santa Sede».

Ejercicio de conversión

El Papa León se detiene en las reformas que han dado a la institución «la autonomía necesaria para renovar el plan de estudios de las disciplinas jurídicas, históricas, politológicas y económicas, junto con el de las lenguas utilizadas en las relaciones internacionales». Pero hay una reforma aún más importante, subraya el Pontífice.

“Es la de un constante ejercicio de conversión, encaminado a cultivar «la cercanía, la escucha atenta, el testimonio, el enfoque fraterno y el diálogo […] combinados con la humildad y la mansedumbre»: virtudes que deben impregnar todo vuestro ministerio sacerdotal.”

Sello emitido con motivo del 325.º aniversario de la fundación de la PAE

Sello emitido con motivo del 325.º aniversario de la fundación de la PAE   (@VATICAN MEDIA)

Puentes para dejar huella en la historia

Recordando a los santos, beatos y papas que han dado importancia a la academia, el Pontífice destaca las peculiaridades del sacerdote diplomático pontificio, «un mensajero del anuncio pascual: «¡La paz sea con vosotros!», incluso cuando —continúa— las esperanzas de diálogo y reconciliación parecen desvanecerse, es necesario llevar a todos la palabra de Cristo Resucitado: «Os dejo la paz, os doy mi paz».

“Vuestra misión os llama a ser «puentes» y «canales», para que la gracia que viene del cielo pueda abrirse camino entre los pliegues de la historia.”

Ser signo del amor de Cristo

Otra tarea del diplomático pontificio es llevar la Verdad que es Cristo al foro de las naciones, «convirtiéndose en signo de Su amor para con aquella parte de la humanidad que está confiada a su misión de pastor, antes incluso que de diplomático». El Papa León reitera, como ya dijo en la audiencia al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede a principios de año, que las palabras tienen su peso y deben volver a «expresar de manera inequívoca realidades ciertas» para favorecer un diálogo «auténtico y sin malentendidos», llevando lo que se ha hecho carne.

Promotores de la justicia

El Pontífice amplía su mirada a toda la familia humana, porque el ministerio del diplomático no se limita a la comunidad católica.

“Esto os exige ser promotores de todas las formas de justicia que ayudan a reconocer, reconstruir y proteger la imagen de Dios impresa en cada persona.”

Guardianes de la dignidad de cada hombre

«En un mundo marcado por las tensiones —continúa el Papa—, que parece hacer de los conflictos la única forma de abordar las necesidades y las demandas, nuestra capacidad de dedicarnos al diálogo, a la escucha y a la reconciliación puede parecer insuficiente, a veces incluso inútil».

“¡Esto no debe desanimarnos! Sigamos invocando con confianza el don de la paz de Cristo, sin temor. Y estad seguros de que vuestro generoso ministerio, en cualquier momento y en cualquier lugar, será siempre un instrumento para promover y custodiar la dignidad de cada hombre y mujer, creados a imagen y semejanza de Dios, y para aumentar el bien común.”

Visita a la Pontificia Academia Eclesiástica

Visita a la Pontificia Academia Eclesiástica   (@VATICAN MEDIA)

Pennacchio: la visita de un extraterrestre

En su discurso de bienvenida, el presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica, monseñor Salvatore Pennacchio, subrayó que la visita del Papa es «motivo de aliento en el camino de preparación para el servicio diplomático de la Santa Sede». Recordando los orígenes de la Academia, fundada en 1701 por Clemente XI por iniciativa del abad Garagni y por inspiración del beato Sebastiano Valfrè, la institución cuenta hoy con 37 alumnos, procedentes de 28 países diferentes, 11 de los cuales partirán para el año misionero.

«Una realidad —explicó el presidente— que da testimonio concreto de la universalidad de la Iglesia y de la riqueza de sus culturas, llamadas a converger en un único servicio de comunión y paz». Un servicio que, en un mundo marcado por tensiones y conflictos, debe ser «signo de esperanza, a través de un estilo basado en la escucha, el equilibrio y la dedicación». Monseñor Pennacchio también felicitó al cardenal secretario de Estado Pietro Parolin por el 46.º aniversario de su ordenación sacerdotal, celebrada el 27 de abril de 1980.



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