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domingo, enero 25, 2026
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¿Mejoran los medicamentos la calidad de vida de los jóvenes?

En 2023, Ildefonso Hernández, ex director de Salud Pública en España, manifestó en un titular del diario EL MUNDO, que «no es bueno que a partir de 60 años la solución sean los fármacos». Además, de manera constante, incidía en el tema de la salud mental, donde, al parecer se ha ido dejando en manos de los diversos medicamentos que se dan a los pacientes, su curación: «Para hacernos una idea: la falta de respuesta a los problemas de salud mental ahora es más evidente. Eso tiene que ver con que se han dado demasiadas respuestas de tipo biomédico, de fármacos que no palian el origen de la enfermedad. Es decir, el problema del aumento de suicidios en jóvenes no se puede responder con fármacos. España es de los países, con Portugal, donde más ansiolíticos y antidepresivos consume. Esto es grave, porque no se entiendan así los problemas subyacentes. Hay problemas de malestar debajo que tienen que ver con políticas sociales, con respuestas del sistema en el ámbito de la atención primaria.

Sin adentrarnos en el terrible problema que asola a países donde la gobernanza está en el filo de navaja siempre, con problemas endémicos de enfrentamientos tribales, religiosos, por el territorio o de carácter mágico, cuyo abordaje se ve necesariamente de manera internacional con ayuda de los organismos pertinentes, quedan los países de carácter mas democrático, donde la salud mental se genera, en muchas ocasiones, por la vulneración de los derechos humanos que ya se creían superados, tales como el derecho a la vivienda, a un trabajo justo en una sociedad igualitaria.

Hoy los jóvenes, por ejemplo, en Europa, se ven abocados a no poder desarrollar una trayectoria de vida justa, debido al costo de la vida en general. Sin acceso a la vivienda, lugar donde se desarrolla una cierta intimidad, un sentido de pertenencia; los jóvenes acaban sumidos en una desesperanza que no tiene una solución fácil a medio plazo. Y es entonces cuando se generan los problemas de salud mental, de ansiedad, de falta de proyecto vital, que los aboca a una necesidad de consumir ciertos fármacos (en ocasiones se adentran en el campo de la drogadicción) que, según todos los sistemas sanitarios, serían la ayuda necesaria para corregir sus problemas de Salud Mental.

Sin embargo, la sociedad en general, y los políticos en particular no afrontan de una manera razonable dicho problema, enzarzados en una espiral de corrupción, por una parte, y de desidia en otra, que no aporta soluciones a los problemas tangibles que puedan tener los jóvenes en la actualidad.

Las sociedades deben avanzar en bloque. No basta con que un presidente de gobierno (español y otros) afirme que la economía va bien, cuando la cesta de la compra se está encareciendo de forma alarmante, cuando no se puede acceder, insisto, a una vivienda digna (lo cual genera problemas sociales de ocupación, etc.), cuando los salarios no se ajustan al mercado que los rodea, y no basta con ser populista o liberal. Al final, tan solo consiste en mostrar empatía y tratar éticamente de ver cuales son las ideas que generen más posibilidades de revertir el proceso. A mayor expectativa, a mayor capacidad de generar soluciones plausibles, seguro que los jóvenes sabrán abordar su situación, sin necesidad de ir al médico para que les recomiende las últimas pastillas, necesarias para seguir adelante.

Los psiquiatras, y los médicos en general, facultados hoy día para recetar antidepresivos y ansiolíticos, justifican recetar dichos medicamentos en la falta de expectativas de los jóvenes. Tienen depresión, ansiedad, trastornos por déficit de atención o hiperactividad (TDAH, algo que se ha puesto muy de moda, y como la palabra suena bien, algunos laboratorios se han dedicado a generar una serie de medicamentos relacionados directamente con este tema. Son el mismo perro, pero con distinto collar, pero donde el marketing incide de manera directa), pero sobre todo son infelices. Por lo tanto se les medica y punto.

¿POR QUÉ EL SISTEMA POLITICO-SANITARIO NO SE PREGUNTA PORQUE LOS JÓVENES SON INFELICES?

Sin duda porque ello conllevaría una suerte de medidas, que incidirían en la posibilidad de hacer personas libres y en condiciones dignas. Pero, quién no desea jóvenes libres y en condiciones dignas. Quizá aquellos que no miran su edad, ni su condición, quizá aquellos que los miran tan solo como un voto, cuando puedan votar, o como un paciente más para que pueda ingerir determinados medicamentos.

No debemos olvidar que con cada pastilla que tomamos, las farmacéuticas hacen caja y otros engranajes del sistema sanitario también. Es por ello, que cuando Ildefonso Hernández, comentó en 2023 aquello de «no es bueno que a partir de los 60 años la solución sean los fármacos», debió también añadir que, en el caso de los jóvenes, con el paso de tan sólo dos años, la industria farmacéutica ha incidido en la necesidad de convertir a niños y jóvenes en pacientes.

La salud mental, después del encierro al que nos sometieron en el COVID, se convirtió en una chistera de la cual todo tipo de magos comenzaron a sacar enfermedades y pastillas que nos han jodido la vida. Nos han convertido a todos en enfermos, medicados o no, capaces de comprar cualquier cosa que nos pongan sobre la mesa: epidemias, vacunas, mascarillas a precios desorbitados, etc. Aunque los jóvenes, desafortunadamente, son los que siguen pagando la factura más alta.

Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López: Jumilla, Murcia, 1962. Escritor, guionista y realizador. Ha trabajado como periodista de investigación desde 1985 en prensa, radio y televisión. Ha publicado dos libros sobre la banda terrorista ETA. Colabora con medios de prensa libre y es conferenciante sobre temas diversos.

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