
Cinco años después de que el ejército de Myanmar tomara el poder y encarcelara a los líderes electos del país, las Naciones Unidas dicen que la crisis del país no ha hecho más que profundizarse, marcada por una escalada de violencia, desplazamientos masivos y unas elecciones controladas por los militares que, según advierten los funcionarios de la ONU, han afianzado aún más la represión en lugar de restaurar el gobierno civil.
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