El prelado habla de la situación que se vive en la principal ciudad de Minnesota tras los operativos federales que han generado temor y aislamiento entre las familias inmigrantes: La asistencia a misa en las comunidades latinas ha bajado drásticamente, pero también hay una ola de solidaridad hacia las personas en dificultad.
Stefano Leszczynski – Ciudad del Vaticano
La «desescalada parcial» prometida por el presidente Donald Trump es esperada con entusiasmo por los residentes de la ciudad más grande de Minnesota, donde la tensión persiste tras el asesinato de Alex Pretti a manos de agentes del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas). Este incidente ocurre pocas semanas después del de Renee Good, quien falleció el 7 de enero durante un operativo de control migratorio.
Todavía alta tensión
Prueba de que el clima en Minneapolis sigue siendo tenso es el ataque a la congresista demócrata Ilhan Omar el martes por la noche. El incidente ocurrió durante una reunión pública a manos de un hombre armado con una jeringa, quien fue posteriormente controlado por las fuerzas de seguridad. La izquierda estadounidense protesta por el despliegue masivo de agentes federales en Minneapolis, parte de la estrategia de la administración Trump para aumentar la deportación de inmigrantes indocumentados.
También surgen dudas sobre el desempeño de las fuerzas del orden dentro de la administración estadounidense. Stephen Miller, asesor de Trump, admitió que se está llevando a cabo una revisión del cumplimiento de los protocolos por parte de los agentes federales. Mientras tanto, se ha difundido la noticia de la decisión de un juez federal de bloquear la deportación de un niño de cinco años detenido en Minneapolis con su padre.
La voz de la Iglesia
En este contexto, la voz de Monseñor Bernard A. Hebda, Arzobispo de Minneapolis, se ha alzado con fuerza. En una entrevista con SIR, el prelado enfatizó la necesidad de garantizar los derechos de quienes han vivido en Estados Unidos durante años: «Es esencial asegurar la legalización de quienes son indocumentados pero han echado raíces, contribuido a sus comunidades y demostrado su disposición a respetar la ley», destacando también la urgente necesidad de «vías que promuevan la reunificación familiar y eviten las separaciones».
Monseñor Hebda describe las consecuencias concretas de las operaciones federales en la vida cotidiana: «Las imágenes de arrestos y violencia han llevado a muchos migrantes, con o sin documentos, a la clandestinidad. Muchos ya no salen a trabajar, a buscar atención médica, a comprar o incluso a recibir asistencia espiritual. Es un miedo que impacta la vida cotidiana».
Muchos gestos de solidaridad
Esta tensión también afecta a las parroquias: «La asistencia a misa en las comunidades latinas ha disminuido drásticamente. Algunos padres no permiten que sus hijos asistan a la escuela por miedo». Sin embargo, junto al miedo, se observan gestos de solidaridad: familias que reciben ayuda con la entrega de alimentos, niños acompañados a la escuela, sacerdotes y diáconos que llevan la comunión a quienes están confinados en sus hogares. «Mi personal», declaró el arzobispo, «trabaja incansablemente para informar a los feligreses sobre sus derechos y fomentar iniciativas parroquiales».
Además de estas obras de misericordia, enfatizó el Arzobispo Hebdo, los obispos de las seis diócesis de Minnesota, reunidos en la Conferencia Católica de Minnesota, «buscan colaborar con nuestros representantes gubernamentales para aliviar la crisis actual y promover una reforma integral de las leyes de inmigración. Solo trabajando juntos», concluyó el arzobispo, «podemos resolver el problema y recuperar la verdadera calma».
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