Monseñor Mieczysław Mokrzycki acompaña al secretario vaticano para las Relaciones con los Estados, Gallagher, durante su misión en el país de Europa del Este: «Por desgracia, la guerra continúa y por el momento ni siquiera vemos una esperanza de que termine. Solo Dios puede detenerla»
Roberto Paglialonga – Enviado especial a Leópolis
«Toda la población ucraniana está muy cansada. Y, por desgracia, por el momento no vemos esperanza de que la guerra termine». Así lo afirma el arzobispo católico latino de Leópolis, Mieczysław Mokrzycki, en una entrevista con los medios vaticanos. Se encuentra actualmente en Ucrania acompañando la misión de monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Santa Sede, quien estos días actúa como enviado especial del Papa al país de Europa del Este con motivo de las celebraciones del 35.º aniversario de la reapertura de las estructuras de la Iglesia católica de rito latino. La primera etapa del viaje tiene lugar precisamente en la ciudad cercana a la frontera con Polonia.
Excelencia, han pasado ya casi cuatro años y medio desde el inicio del conflicto. ¿En qué situación se encuentra hoy la población ucraniana?
Por desgracia, la guerra continúa y, por el momento, ni siquiera vemos una esperanza de que termine. Toda la gente, toda la población ucraniana, está muy cansada, porque todos se ven afectados por la guerra. Porque sus familiares combaten, o lo hacen sus vecinos o sus compañeros de trabajo. También hay muchísimos muertos. Constantemente llegan malas noticias desde el frente. Incluso aquí la gente pierde la esperanza, porque no todos encuentran trabajo y muchos emigran, dejan su hogar para intentar reunirse con sus maridos o sus esposas, que partieron hace cuatro o cinco años hacia Europa. También aquí, en Leópolis, aunque no haya combates militares todos los días, con frecuencia oímos las alarmas. La gente tiene que bajar a los refugios; el trabajo debe interrumpirse, igual que las clases en las escuelas. Sin embargo, la gente sigue yendo a la iglesia, reza y pone su esperanza únicamente en Dios: solo Él puede detener esta horrible guerra.
Leópolis ha sido alcanzada en varias ocasiones durante el conflicto. ¿Cómo se logra reaccionar y retomar una vida normal después de un bombardeo?
No es fácil, porque casi siempre hay heridos, hay muertos y siempre quedan casas y bienes destruidos. Sin embargo, este año hemos celebrado el 25.º aniversario de la visita de Juan Pablo II, quien nos dijo: «No tengáis miedo. También en los tiempos de hoy encontraréis dificultades, pero con Cristo venceréis». Por eso, nuestra única esperanza es la oración: la gente viene, reza. Cada día, después de la misa, cantamos las súplicas y celebramos encuentros de oración para pedir misericordia y paz para nuestro país.
El domingo monseñor Gallagher viajará a Berdychiv. ¿Qué significado tendrá la celebración que compartiremos en el Santuario del Monte Carmelo? ¿Y qué valor puede tener este momento comunitario?
Berdychiv es nuestro santuario nacional. Allí acude gente de toda Ucrania para pedir a la Virgen que interceda por nosotros. Sobre todo, necesitamos esta unidad, esta fuerza de la oración, de la solidaridad y una palabra de esperanza. Y creo que Su Excelencia Gallagher, que viene a visitarnos por segunda vez (Gallagher visitó el país en mayo de 2022, pocas semanas después del estallido de la guerra, nota de la redacción), llenará nuestros corazones de paz, alegría y esperanza, porque representa al Santo Padre León, que permanece cercano a nuestro país con sus oraciones y sus llamamientos. Con frecuencia, durante la oración del Ángelus, se acuerda de nosotros y nos imparte su bendición. Esperamos que esta visita, que incluye también encuentros oficiales con el Gobierno ucraniano, dé frutos para la paz en nuestro país.
Excelencia, hoy Occidente parece haberse acostumbrado un poco a la guerra. Es como si se hubiera convertido en algo normal. ¿Qué puede hacer la Iglesia aquí, en Ucrania, para despertar las conciencias en favor de la paz?
Nosotros hacemos siempre un llamamiento como Conferencias Episcopales; también los sacerdotes y los obispos. De vez en cuando viajamos al extranjero para visitar a nuestros hermanos en el episcopado, a otros hermanos sacerdotes y a nuestros amigos. Ellos siempre nos reciben y nos brindan la oportunidad de dirigir unas palabras también a sus feligreses. Y creo que no debemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de otros países, también en Tierra Santa, porque debemos demostrar nuestra unidad, sobre todo como hermanos cristianos, y recordarnos siempre unos a otros. Pedimos que nos ayuden con la oración y también mediante la asistencia humanitaria, que aquí en Ucrania es indispensable.
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