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domingo, junio 14, 2026
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rutas migratorias controladas por criminales


El documento final del Tercer Encuentro de los agentes de la pastoral de la movilidad humana: delincuencia organizada, expulsiones forzadas, menores que se sienten extranjeros en su propia patria. Un llamamiento a los gobiernos y el compromiso de la Iglesia de permanecer al lado de quienes huyen para sobrevivir

Davide Dionisi – Ciudad del Vaticano

«A pesar de las condiciones de pobreza, precariedad, desigualdad y violencia sistémica a las que se enfrentan las poblaciones, las migraciones continúan. Se trata de personas y familias en condiciones de extrema vulnerabilidad, con niños y ancianos, cuya salud física y mental se ve comprometida». Es la denuncia de los agentes pastorales de la movilidad humana que prestan su valioso servicio en la frontera entre México y Guatemala, recogida en el documento final de su tercer encuentro, concluido hace unos días. El debate se desarrolló partiendo del lema indicado por el Papa León XIV para la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado: «Aunque sea solo uno de estos niños». El cardenal Álvaro Ramazzini Imeri, junto con los obispos de Huehuetenango, San Marcos, Quiché, San Cristóbal de las Casas, Tapachula y Tuxtla (todos firmantes de la nota), explican que «las políticas migratorias, los acuerdos multilaterales y los decretos presidenciales amenazan el derecho humano a la migración. Al mismo tiempo, los grupos criminales, las redes de trata y las extorsiones a lo largo de las rutas migratorias se han fortalecido y consolidado».

Respuesta inexistente de las instituciones

Para los operadores, «los grupos criminales han encontrado en el flujo de migrantes una fuente de ingresos extremadamente lucrativa, ya que estos son secuestrados, extorsionados, violados, víctimas de la trata y, en algunos casos, reclutados. Aunque la frontera cuenta con tecnología biométrica para la vigilancia, en la práctica es una zona controlada por quienes ejercen la violencia». En este contexto dramático se registra una respuesta «limitada o inexistente» por parte de las instituciones locales e internacionales a la hora de garantizar el derecho a la protección internacional, «negando y, en otros casos, obstaculizando los procesos destinados a regularizar la situación migratoria de conformidad con el Estatuto de los Refugiados, del que nuestros Estados son signatarios».

Abandonados en las zonas fronterizas

«Expulsados y repatriados por la fuerza». Continúa el documento, que señala a los «hermanos guatemaltecos y mexicanos» como «víctimas de las políticas migratorias del Gobierno de los Estados Unidos, cuyos procedimientos de expulsión los dejan abandonados en las zonas fronterizas. Tras haberse establecido y haber sentado las bases para el futuro en EE. UU., sufren la pérdida de sus condiciones económicas y de vida, con graves repercusiones».

Extranjeros en su propia patria

Los agentes de la Pastoral para la movilidad humana destacan que: «Existe una marcada dificultad de reinserción en los lugares de origen, principalmente para los menores, debido a la falta de flexibilidad en los programas de estudios, a la complejidad y al coste de los trámites de traducción y regularización de documentos. Una situación particular es la de los menores mexicanos que, junto con sus familias, se sienten extranjeros en su propia patria». El llamamiento se dirige, por tanto, a los gobiernos para que realicen «un mayor esfuerzo de coordinación institucional para contrarrestar las políticas extraterritoriales de odio y xenofobia que se fomentan en los distintos territorios. Deben promover programas, proyectos y políticas que privilegien la seguridad en el respeto de los derechos humanos y la protección internacional».

El compromiso de la Iglesia

El escrito continúa reafirmando el compromiso de la Iglesia y de las comunidades «en la obra de caridad». «Nos comprometemos y nos esforzamos por ofrecer un acompañamiento integral a las personas migrantes, desplazadas, repatriadas y deportadas, partiendo de las diócesis, las parroquias y los servicios pastorales. Somos conscientes de que, al abordar su fragilidad y los peligros que han vivido con un enfoque integral, físico y espiritual, se reconstruyen la identidad y el sentido de arraigo y pertenencia, facilitando la reintegración y la esperanza en la vida personal, familiar y comunitaria».

Tutelar la dignidad

A continuación, la implicación de las universidades y los centros de investigación para que «refuercen su contribución teórica, científica y técnica en materia de movilidad humana. De este modo, podrán poner de relieve, sensibilizar e influir en el desarrollo de planes, proyectos y políticas a favor de los migrantes». Los obispos, los sacerdotes y todos los agentes pastorales de la Movilidad Humana se han «comprometido a acercarse y a situar en el centro de la acción pastoral a quienes huyen de sus lugares de origen por motivos de supervivencia, a quienes hoy se ven obligados a regresar y a todos aquellos que ven ofendida su dignidad al buscar mejores condiciones de vida». Y, recordando las palabras del Papa, concluyeron: «Cada uno de nosotros, a lo largo de la vida, puede encontrarse sano o enfermo, con trabajo o sin él, en su patria o en tierra extranjera. Su dignidad, sin embargo, es siempre la misma, la de una criatura querida y amada por Dios».



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