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jueves, mayo 28, 2026
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una monja católica lleva la esperanza a las zonas rurales de Zimbabue


La esperanza renació en Matabele, en el sur de Zimbabue, una tierra ventosa y árida, silenciosa y cuyos habitantes habían perdido la esperanza cuando la pandemia del VIH y SIDA alcanzó su ápice en África. Sor Ludbirga Schumacher se conmovió por la situación y, con la ayuda de muchas otras monjas que siguieron sus huellas, fundó el Centro Sketimpilo.

Sor Christine Masivo, CPS

El Centro Sketimpilo, gestionado por las Hermanas Misioneras de la Preciosísima Sangre dirigido por sor Felistar Dube, CPS, sirve como centro de renovada esperanza. Su nombre significa “elegir la vida”, un lema que es vivido cada día en el centro.

Fue fundado en 1998 por sor Ludbirga Schumacher, CPS, de origen alemán, durante los días más oscuros de la historia de Zimbabue, cuando el VIH y el SIDA golpearon, dejando huérfanos, enfermos, rechazados y marginados. Muchas personas habían perdido la esperanza y el estigma era más fuerte que la compasión.

Un tronco brota de nuevo

Sor Ludbirga vio la necesidad de sostener niños marginados, pobres y vulnerables, así como a los adultos que han sido infectados y contagiados.

Reunió grupos y formó donantes de comunidad, organizó visitas a domicilio y empezó a devolver la dignidad donde se había perdido. Su misión es recordar a aquellos que luchan con la enfermedad que sus vidas todavía tienen un valor, a pesar de la estigmatización y la segregación que afrontan en la comunidad.

La esperanza renació, y un tronco seco del que surgen nuevos brotes se ha convertido en el símbolo del proyecto, indicando que la vida es posible también en la devastación. Hoy, más de dos décadas después, sor Felistar lleva adelante esta misión con la misma valentía.

  Sor Ludbirga Schumacher CPS y Sor Felistar Dube CPS distribuyen comida en el pueblo

Sor Ludbirga Schumacher CPS y Sor Felistar Dube CPS distribuyen comida en el pueblo

Un centro de desarrollo

El Centro Sketimpilo alcanza las casas de las familias vulnerables, en vez de separar a los niños de las propias comunidades. A través del apoyo de donantes, en particular de Alemania y España, el centro paga las tasas escolares de casi 120 niños, da apoyo psicológico y garantiza que ningún niño se sienta abandonado en el propio dolor.

El impacto es real. Dos estudiantes sostenidos por el centro ahora están en la universidad, uno estudia trabajo social, mientras que el otro realiza estudios sobre desarrollo, y ahora vendrán a servir al mismo lugar que les ha servido.

Competenciaas que transforman las comunidades

La iniciativa más notable del centro es su programa de formación sobre las competencias prácticas. Cada año 60 jóvenes son formados con cursos de costura, agricultura, sistemas eléctricos, construcción y panadería.

Llevan el cambio al pueblo. Aquellos que estudian construcción ayudan a construir casas para familias vulnerables, mientras que los aprendices de electricista instalan sistemas solares en las escuelas y en las casas rurales.

Algunos de los que se licencian en el centro Sketimpilo trabajan para empresas nacionales, entre las cuales la empresa eléctrica de Zimbabue, construyendo un futuro para sí mismos y para sus comunidades.

Fe y perseverarrancia

Gestionar una misión de este tipo en una región económicamente desafiante no está privado de dificultades. El agua escasea y las financiaciones siempre son inciertas. Las familias numerosas pueden sostenerse solo durante un breve periodo con la asignación mensual de comida que el centro logra ofrecer.

Pero también en medio de estos desafíos, sor Felistar ve la mano de Dios. “Hay momentos en los que pensamos que no podemos ir adelante: sin sueldos ni fondos, nada de comida para distribuir”, ha afirmado. “Pero las oraciones nos mantienen en pie, la confianza en Dios nos mantiene en movimiento”.

Su convicción es sencilla y profunda. Dios abrirá siempre un camino a aquellos que eligen la vida.

Sor Ludbirga Schumacher y Sor Felistar Dube con un anciano del pueblo

Sor Ludbirga Schumacher y Sor Felistar Dube con un anciano del pueblo

Un lugar tranquilo con un fuerte impacto

A causa de la difícil situación económica en Zimbabue y de las menores financiaciones por parte de donantes internacionales, las hermanas tratan de sostener a las personas en la zona responsabilizándoles y creando puestos de trabajo, de forma que puedan ser autosuficientes.

Una forma para apoyar la labor humanitaria de Sketimpilo es ofreciendo diferentes habitaciones para huéspedes, una sala de conferencias y un pequeño servicio de catering. Los ingresos generados por estas instalaciones ayudan a cubrir los salarios del personal y a financiar la misión.

Sin embargo, los desafíos permanecen, el edificio es modesto pero viejo, algunas partes se remontan a 1998, a los inicios del centro y requieren obras de reestructuración. En la zona han surgido instalaciones modernas y competitivas, pero muchas personas prefieren todavía Sketimpilo por su paz, su misión y su espíritu de hospitalidad.

“Las personas saben que este es un lugar de cuidado”, ha explicado sor Felistar, “y vienen porque se sienten seguros”.

Siempre cterminamos

Sor Felistar actualmente es la única hermana estable a tiempo completo en el centro. Su comunidad es pequeña, pero su determinación es inmensa. Cree que Sketimpilo un día se pueda convertir en un centro de formación profesional, algo que los jóvenes de la zona necesitan desesperadamente.

«Nosotras las hermanas y las personas que servimos trabajamos juntos; como una ofrenda a Dios”, ha afirmado sor Felistar. “A las familias que ayudamos: os damos las gracias porque apreciáis siempre también lo poco que os damos, y vuestra gratitud nos da fuerza. Y a nuestros donantes: no podemos resistir sin vosotros, que vosotros seáis ricamente bendecidos”.

El trabajo de Sketimpilo se basa en la generosidad de sus patrocinadores, como los German Friends y Manos Unidas. Su apoyo ayuda a las hermanas de la Preciosísima Sangre a seguir llevando vida, educación y dignidad a los más vulnerables.

Sor Ludbirga Schumacher y Sor Felistar Dube distribuyen comida

Sor Ludbirga Schumacher y Sor Felistar Dube distribuyen comida



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