Mi petición de más espacio. (Relato)

By Gabriel Carrión, escritor.
Abrí la pequeña ventana, que en la tapia, construyó el Régimen, para que todos los martes de doce a doce y dos minutos de la mañana puediera ver el interior del parque. Detrás de mi a dos metros aguardaba otro ciudadano, que tendrá otros dos minutos para contemplar el espacio que patos y palomas disfrutan. Se comenzó creando un estado de alarma, controlando el BOE, dando a las clases trabajadores la posibilidad de sentirse seguras un mes y a los políticos todas las prebendas. En ese momento se creó una élite de subalternos, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, ejército, sanitarios y productores de abastecimiento.

La enfermedad fue arrancando a los más ancianos y a los débiles. Las empresas farmacéuticas comenzaron a controlar los ministerios de Sanidad y los comisionistas se hicieron con el poder a través de sus donativos a políticos corruptos. «Nadie quedaría atrás», salvo los que antes de la enfermedad, ya estaban atrás. Para esos no hubo nada, salvo la miseria y el horror de ver como todo se desmoronaba a su paso. Poco a poco se hicieron grandes bolsas de contagiados, que fueron hacinados, alejados de las ciudades y de los espacios considerados seguros. Todo ocurrió de pronto, al grito de «sálvese quien pueda» la economía quebró. China cerró sus fronteras y los EE.UU. de América también. Europa se disgrego. Alemania, Holanda y los países nórdicos crearon un poderoso ejército y controlaron las fronteras a sangre y fuego.

Aquí, no fue de un día para otro, pero, incluso a los que al final habían cedido prebendas, fueron considerados ciudadanos de segunda; se les habilitó material sanitario y se les concedió la posibilidad de acceder a los servicios básicos, pero sólo a cambio de que accedieran a proteger a todos aquellos privilegiados y a sus familiares que en este país fueron dos millones de cuarenta.

Hoy me han dejado salir para ver, como cada semana, durante dos minutos el parque por donde pasean los ciudadanos. Los demás el pueblo, no ya los enfermos, que de esos no sabemos nada, los medios de comunicación apenas los citan, apenas sobrevivimos con las migajas que nos dan. «Sois unos pirvilegiados» nos arengan constantemente. Nos reparten mascarillas, Nos dejan comida en las puertas de las casas y nos permiten ver el sol tras los cristales. Incluso internet funciona una hora al día y no para todos, porque algunos fueron sorprendidos poniendo palabras que no deberían ser pronunciadas después de tanto tiempo, tales como COVID-19 o enfermos, y eran deportados.

Las leyes son muy estrictas y cada día se publican nuevas normas en el BOE, muchos ciudadanos las conocen todas, pero a otros apenas nos da tiempo, después del trabajo, de mantenernos informados. Las élites con el paso del tiempo van teniendo hijos y los ciudadanos trabajadores también, a pesar de las normas que restringen el uso del sexo para procrear, según el BOE, donde se afirma que los hijos no declarados serán declarados enfermos o sencillamente ajusticiados. Tengo un hijo al que he mantenido oculto durante años, tantos como he podido. Ayer leí en el Boletín del Estado una nueva norma, que declara «no ciudadanos» a las personas no declaradas, sea cual sea su sexo o edad, y también a quienes les protegen. Para ello se ha implementado un protocolo de inserción de un microchip en el organismo de todos aquellos que sean susceptibles de llevarlo y quedará prohibido de nuevo salir a la calle, donde todos seremos visitados por un médico, y una patrulla del ejército, para que se nos pueda poner, como al ganado, dicho elemento.

Las calles están vaciándose paulatinamente. Y cuando he llegado de ver, por la ventanilla del parque, el espacio por donde pasean las élites, he hablado con mi hijo y hemos decidido huir, yo por solidaridad con todos aquellos que fueron declarados enfermos y, por supuesto, por salvaguardar la vida de mi hijo. Hemos cogido lo poco que nos quedaba de valor, algo de comida y nos vamos a escapar, para intentar conseguir un poco de más espacio, aunque sea como fue en otros tiempos. No se donde acabará esto, pero seguramente los ricos se harán más ricos y los pobres, como siempre acabaran muriéndose de asco. Cuelgo esto en la red, a las 13 y 28, sabedor de que apenas estará unos minutos, espero que alguien lo lea y lo copie para poder enviarlo y que todo el mundo comprenda que quien tiene el BOE tiene el poder.

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